¿Volver a la normalidad en turismo? ¿A qué normalidad?

A esta altura de la historia ha quedado claro que, post pandemia del COVID-19, transcurrirá un tiempo prolongado antes de que el viajero decida regresar al concepto de "normalidad" y para que estos vuelvan a moverse libremente, a través de fronteras y países, sin mayores preocupaciones, como lo hicimos hasta febrero 2020.

Promediando mediados del mes de septiembre 2020, es evidente que el impacto económico del COVID-19 provocará que muchas empresas prestadoras y operadoras, pequeñas y medianas, tengan que cerrar sus puertas o cambiar sus modelos de negocios hasta que la confianza y seguridad del viajero sea lo suficientemente alta como para volver a tener flujo de caja y para llegar a volverse rentables una vez más.

Leo, y veo, con preocupación que la mayoría de las conversaciones dadas en los medios especializados y masivos sean sobre compañías aéreas, hoteles, y restaurantes, que son, por supuesto, de gran importancia para los viajeros. Pero ya hemos hablado de que salvo casos excepcionales donde el hotel o el restaurante es el que tracciona a los viajeros, estos se desplazan para realizar visitas y actividades. Es aquí donde la industria de los viajes debe comenzar a ver más allá de la puerta de vidrio de entrada del hotel y entender que si se obliga al turista a volver a la vieja normalidad, a la de un bus con 40 personas para un recorrido de 10 hs o a un desayunador atestado, estamos en el mal camino.

Voy a tratar en estas líneas el caso específico de la industria de los viajes de aventura y de naturaleza (sin ánimos de discutir con mis colegas de que somos 2do o 3er sector o si debo usar o no el término industria).

 Los servicios que proveemos en los viajes de turismo aventura y de naturaleza, tienen características en las que destacan la proximidad en el trato, el tránsito en regiones y destinos en desarrollo o geográficamente remotos, acceso a sistemas sanitarios o recursos de atención médica limitados, y, con demasiada frecuencia, un empresariado signado por reglas poco claras, falta o ausencia total de fiscalización y una seguridad jurídica baja, muy baja. Sin embargo, no he conseguido registros de personas contagiadas con COVID-19 por estar realizando trekking en Patagonia, cicloturismo en la Puna o en la Selva Misionera, o cabalgatas curando la cordillera donde otrora cruzara el General San Martín en la gesta libertadora sudamericana por el Paso de Los patos en San Juan hacia Chile; pero si encontré muchos datos concretos de contagios por estar haciendo fila en un comercio o en un restaurante, en un banco o en un hub de transporte. Aclaro algo aquí, no es mi objetivo el generar rispideces, todo lo contrario.

 Algo tenemos en común todos los componentes del ecosistema turístico, el efecto del COVID-19 en nuestro sector fue devastador y de este entuerto salimos trabajando todos juntos, o no salimos.

Nuestro ecosistema productivo se nutre de viajeros/turistas que arriban a los diferentes destinos. En muchos casos, nos encontraremos con “ofertas de ocasión” de amanecidos que descubrirán cómo redondear la rueda subiéndose a la ola del turismo de naturaleza sin ninguna preparación previa. La oferta indiferenciada de poner una carpa en el fondo de casa y decir que se vende glamping, o tomarse un bus con un turista de una plataforma colaborativa y llamarse “acompañante de senderos” para evadir las reglamentaciones ya comienzan a verse. Lo veo hoy en mi pueblo, no es chiste. El 98% de la oferta de plataformas colaborativas en Bariloche, Patagonia Argentina, es informal.

 Sin dudas, creo que los viajes de turismo de aventura y de naturaleza, en general, se posicionarán muy bien para grupos pequeños y familias, evitando las multitudes y los espacios cerrados. El turismo de naturaleza impulsa viajes que llevan a las personas a lo más profundo de las regiones y las mantiene activas, saludables y propensas a apoyar el desarrollo de las economías regionales. En Argentina, los viajes domésticos beneficiarán a los corredores turísticos, pero también a destinos emergentes.

En cuanto a la nueva ola de Turismo Aventura de Lujo (Luxury Adventure Travel o LAT), los operadores y los destinos probablemente gastarán mucho esfuerzo y recursos para promover la seguridad en sus ofertas. La exclusividad siempre será atractiva, pero hay que acompañarla de planta turística, infraestructura y servicios acordes, no solo con marketing y fotos lindas.

Tanto en mi trabajo como operador turístico receptivo como en mi cargo de Presidente de la Asociación Argentina de Ecoturismo y Turismo Aventura | AAETAV, impulso y asisto a empresas, proveedores y otros grupos de interés en la implementación de férreos estándares de seguridad e higiene. Debemos reconocer nuestras falencias, no ocultar las asimetrías entre regiones y en la infraestructura sanitaria. La mayoría de los viajeros de grandes países emisores con un alto grado de desarrollo (USA, UK, Alemania, Francia, Bélgica, etc.), poseen estándares de servicios y soporte sanitario de altos estándares; y si bien la búsqueda de aventuras en los confines de la tierra suponen un grado de riesgo que le da “otro sabor a la sopa”, al final del día, o cuando las cosas no vayan bien, querrán asegurarse de que su integridad física y su salud estará cuidada.

La realidad de la pandemia del COVID-19 ha demostrado lo importante que es viajar con operadores expertos que entienden la organización y la seguridad; en este punto quedo claro que lo barato sale caro. Siempre voy a recomendar hacer investigaciones previas a la contratación. Grandes fotógrafos y grandes videógrafos logran material promocional increíble, no siempre sostenido por la operación del receptivo local que descansa sus servicios en gente no titulada, ni preparada. Este tema, da para una larga charla, que no debemos esquivar y como industria, debemos visibilizar. No sirve ocultar los síntomas esperando que no pase a mayores, el COVID-19 ya nos enseñó que pasa con esa estrategia a largo plazo.

 Otros puntos importantes serán los estándares de las compañías, apoyados en el presupuesto mínimo que impulse el estado. Todos los viajeros deberán ser más inteligentes acerca de cómo viajan. Los viajes en grupos pequeños, grupos familiares y, posiblemente, de grupos que se conocen entre sí frente a los compuestos por extraños, serán los primeros en reactivarse. La organización, la desinfección de transportes y equipos, el aseguramiento de planes de gestión de riesgos y de las instalaciones médicas a lo largo del recorrido sumado a la claridad en torno a la higiene y, posiblemente, a la presentación del pasaporte sanitario, serán parte de la “nueva normalidad”.

Respecto a los destinos: hoy observo en Argentina muchas diferencias de criterio, por ende, debemos unificar pautas básicas, buenas prácticas, protocolos comunes y eficientes desde el sector privado. Obviamente, siempre respetando los lineamientos gubernamentales, pero con el objetivo de elevar el estándar. Desde la Asociación Argentina de Ecoturismo y Turismo Aventura | AAETAV ya tomamos cartas en el asunto y hemos elaborado Guías de Buenas Prácticas para Operadores, Prestadores y Guías de Turismo Aventura y de Naturaleza; así como también hemos colaborado con el Ministerio de Turismo y Deportes de la Nación y con la Cámara Argentina de Turismo en la realización de protocolos estandarizados. Es en esta instancia, donde el estado debe bajar a territorio a través de los operadores de tierra, quienes realmente conocen a los viajeros y preguntarles cómo deben articular el mensaje correcto para no lanzar una campaña mal enfocada. Los recursos son sumamente escasos así que hay que apuntar a los viajeros correctos en lugar de lanzar publicidad y marketing al universo. Paradójicamente, el distanciamiento social pide a gritos el acercamiento entre las partes, es aquí donde la AAETAV se constituye como el mayor aliado del sector público por su alcance territorial federal y su vinculación con los mercados.

 En mi país, el estado nacional ha desarrollado una batería de acciones para intentar dar soporte al sector productivo de turismo en general. Al momento, y con 182 días de caja cero, muchas de las pequeñas compañías, directamente, no van a lograr sobrevivir. No es agradable decirlo, pero es la realidad. Tomar un crédito, a tasa cero, no aplica a un pequeño prestador que no tendrá flujo de caja para devolver el préstamo. Poner en la misma bolsa para entregar un subsidio a un prestador u operador formal que a uno informal, que no le ha aportado impuestos al estado, es simplemente injusto.

 Es el momento de barajar y dar de vuelta, preparar un estado eficiente en la fiscalización, con herramientas y buenos sueldos para que hagan un trabajo correcto, eficaz y eficiente, es el rumbo a seguir.

 Me imagino este momento de lectura por parte de muchos, y la sonrisa dibujada en sus caras. Para mi, estimados, no es gracioso y no es un sueño. Trabajo día a día (como privado y como dirigente empresarial) para posicionar a mi país y a la Patagonia como destino de clase mundial de turismo de aventura y de naturaleza, y creo que solo el trabajo coordinado nos sacará adelante, el resto es cuento.

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